Por lo que se ve, mientras algunos disfrutábamos de unos merecidos días libres bien lejos de Bilbao algunos de ustedes han sufrido en Zinebi. Ay. No se preocupen. ¿Cuál es el mejor remedio ante una jornada desafortunada de cine? Otra afortunada. Vayan a ver 'Blade Runner'. ¡Emborráchense de cine! Quizás ya lo hayan hecho, pero se lo advierto porque me consta que mucha gente no se ha enterado de que pasan la película en los Multicines de Bilbao (y en versión original subtitulada), con la oportunidad que eso supone.
No sé ustedes, pero lo de las diferentes versiones de la película a mí siempre me ha intrigado (la de Ridley Scott no les defraudará), pero, sobre todo, me ha producido una gran alegría poder ver esta historia en pantalla grande y escuchar de nuevo a Rutger Hauer: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas
más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la
Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como
lágrimas en la lluvia. Es hora de morir". Ya tengo otra vez la piel de gallina, oigan.
Gala de clausura de Zinebi. ‘El niño y el mar’, del ecuatoriano Tito Molina, Gran Premio del Cine Español. Plano fijo de un niño construyendo un castillo de arena en la orilla de una playa. Sube la marea y lo deshace. Acabado técnico de grabación casera. La fugacidad de los deseos, la inevitabilidad del destino, una cosa profunda, minimal, no narrativa, cine de sensaciones… Primera tomadura de pelo. Silbidos tenues.
‘Footnotes to a House of Love’ (sic), Gran Premio del Cine Vasco. Cómo mola irme con los colegas al desierto de California y hacer algo así como intenso y vanguardista, con cancioncillas de fondo y sin enfocar los rostros. Underground. Laida Lertxundi, hija del ginecólogo y ex político Roberto Lertxundi, se explica en una entrevista: «Vas al desierto y flipas. Es un paisaje superimpactante. Me gusta James Benning, que hace retratos de paisajes superlargos. (...) A Medem cada vez se le va más la pelota. Hace cine supermístico». Laida tiene 26 añitos y ha estudiado Cine en EE UU, quizás becada por la Diputación. El premio de Zinebi: 4.200 euros. Segunda tomadura de pelo. Pateos, silbidos. Gritos de fuera.
¿Quién ha decidido el demencial palmarés? Entre los prohombres del jurado, el realizador marroquí Faouzi Bensaidi. Vino el martes 27 de noviembre a la hora de comer desde París y se marchó a la mañana siguiente. Ni siquiera pudo presentar su propia película, la magnífica ‘What A Wondeful World’, en el Guggenheim. O sea, que el festival le invita, ¿para dar una entrevista a este cronista?. Por supuesto, no vio ningún corto de la sección oficial.
A estas alturas ya se habrán enterado. Fernando Fernán Gómez nos ha dejado. Ha sido un actor excepcional, símbolo de toda una época y faro de toda una generación de intérpretes que iniciaron su carrera en una época oscura, cargada de vicisitudes y problemas. Una sola de sus miradas llenaba la pantalla y aportaba carácter a sus personajes. Recordado por muchos por su mal genio, dicen los que le conocían que era un tipo excepcional, muy fiel y sorprendentemente tímido, huidizo ante la exposición a la que se somete a los actores. Entre otras cosas, ha sido actor, escritor, director y, sobre todo, hombre de teatro. Siempre le he identificado con una obra: 'El viaje a ninguna parte', que él escribió y dirigió y que cuenta las peripecias de un grupo de cómicos con los que parece compartir una manera de vivir y ver la vida. Pero tiene muchas más y algunas quizás les parezcan mejores. Cuando han pensado en él, ¿qué obra les ha venido a la cabeza?
Esta semana se cumplen 30 años desde que los cines Alphaville de Madrid iniciaran las proyecciones con subtítulos en versión original. El doblaje, ya saben, nació a instancias de autoridades tan autoritarias que buscaban la forma más eficaz y cómoda de censurar los guiones de las películas extranjeras. Con la transición muchos pensaron que, como en tantos países europeos, se impondrían los subtítulos. Pero no. La costumbre es muy fuerte y hoy en día parece una misión imposible que el cine en versión original y con subtítulos acabe por tener aceptación más allá de circuitos más exigentes o puede que un tanto culturetas. Por cierto, ¿prefieren ustedes las películas dobladas o en versión original?
Buenas nuevas sobre David Lynch, el admirado y extraño director, cuyas andanzas meditabundas seguimos algunos con gran curiosidad. Según informa el periódico 'Bild', acaba de adquirir una
colina en berlín (la del Teufelsberg, que significa montaña del diablo)para construir en su cima
una universidad de la secta esotérica 'Transzendentale Meditation'
(TZM).
El director de ‘El hombre elefante’ ya ha inaugurado el centro, junto a Raja Emanuel Schiffgens, representante y guru de TZM en Berlín, y una serie de adeptos provistos de antorchas. "Practico la meditación a diario desde hace 35 años",
asegura Lynch. Su secta cuenta con unos 2.000 adeptos en Alemania y
sigue una forma especial de meditación iniciada en los años 50 por el Maharashi
Mahesh Yogi. Ofrecen cursos de iniciación por
2.400 euros y prometen a los novicios que
llegarán a levitar. ¿Se apuntarían ustedes?
Gerardo Olivares ya puede presumir, gracias a '14 kilómetros', de ser
el primer director español en obtener la Espiga de Oro. El premio
sorprende porque su película, que es amable y bienintencionada, no
aporta nada que no se haya contado antes en otras cintas centradas en
la inmigración, como la reciente 'Querida Bamako', etc... En fin, no
pasa nada. Hay que recordar que lo de los premios en un festival es lo
de menos, aunque, glups, directores, actores, productores, guionistas,
compositores, técnicos, distribuidores, oficinistas, responsables de
prensa, cartelistas y empleados todoterreno de las productoras no
opinen igual. En fin.
Cada espectador tiene su propio palmarés
en la cabeza, pero todos coincidimos ya en que la sección oficial de
esta edición ha tenido mucha más calidad que la anterior. Cintas como
'Los falsificadores', 'Lejos de ella', 'Lo mejor de mí' o 'Deseo,
peligro', el último peliculón de Ang Lee, merecen un hueco importante en las carteleras. Algunas de
ellas no competían, vale, pero es que eso, en el fondo, nos importa un
carajo, ¿no creen? Nos importa lo que vamos a ver dentro de un tiempo en los cines y por dónde van los tiros. A ver si en la edición del año que viene disfrutamos
tanto como en la que acabamos de cerrar. Ojalá haya suerte y ojalá la
comentemos con ustedes.
Mario Camus hace que sus personajes hablen demasiado en 'El prado de las estrellas'. Lo hemos lamentado mucho y puede que por eso nos haya entusiasmado 'Lo bueno de llorar', de Matías Bize, donde Álex Brendemühl y Vicenta N’Dongo mantienen una larga conversación sin apenas palabras. Con miradas, silencios y explicaciones justas. Nos ha gustado. También porque, tratándose de Bize, esperábamos algún experimento, como que todo el filme se rodara en una misma habitación, en plan 'En la cama' y cosas así... Pero no.
El filme relaja y gusta porque, aparte de describir de bella manera la crisis que atraviesa una pareja, sus protagonistas nos llevan con ellos de paseo. Por calles y playas hasta desembocar en el mar. La cinta recuerda a 'Antes del atardecer', de Richard Linklater, y su extrema sencillez nos agrada porque demuestra una vez más que se pueden contar buenas historias sin necesidad de contar con presupuestos de cierta enjundia. Bien por Bize.
-Primera: 'Lo mejor de mí' es una pequeña gran película. Se estrenará a finales o principios de año, pero estén al tanto de la cartelera porque merece mucho la pena. Trata sobre una joven que decide donar parte de su riñón a su novio enfermo y, a raíz de esa excusa argumental, reflexiona, y muy bien, sobre cuestiones de alto calado. Dirige Roser Aguilar, una catalana debutante que supone, no ya un soplo de aire fresco para el cine nacional, sino todo un huracán. Marian Álvarez, la protagonista del filme, ganó el premio del Festival de Locarno y es otro gran descubrimiento.
Segunda: estamos reuniendo severas pruebas de que la Seminci sólo puede avanzar de drama en drama. Las películas que hemos visto tienen tela marinera. Dramones de tomo y lomo que ahondan en espinosos asuntos como la identidad sexual, la dignidad, la penuria, la enfermedad, el sentido de la amistad, de la fidelidad, del dinero, de la vida y de todo... Como no somos de darle vueltas a los asuntos ni nada, a este paso vamos a salir todos medio majaras. Como diría algún oportunista, la culpa... ¡de Frugone!*
Tercera: Ya hay pareja ideal. No sólo de la Seminci, sino incluso de la vida. Así, en general. Juntemos a la protagonista de 'Lo mejor de mí' con el actor de 'Lejos de ella'. Es una maravilla recordar que nos rodea gente así. Buena de verdad.
Cuarta: Lars Von Trier es, como algunos (repito: algunos) de los críticos que tiene Frugone. Un oportunista. Nos presenta un cortometraje en el que él mismo mata a martillazos a un tipo arrogante que no le deja escuchar su propia película. Quizás quiera reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la arrogancia, quién sabe, pero estaba cantado que el Calderón, repleto de esos culturetas que aborrecen al público ruidoso y palomitero, iba a estallar en aplausos.
Quinta: Hay un tipo que patalea a la mínima ocasión, refugiado en el anonimato que le concede la oscuridad del Teatro Calderón. Ya le ubicamos hacia la mitad de la platea, cerca del pasillo de la izquierda... No es nada personal. Es curiosidad. ¡Qué manera de patalear!
Sexta: La imagen que aparece arriba es la que más le emociona a Marian Álvarez. En ella aparece en un columpio y en 'Lo mejor de mí' es una escena clave, por lo que va a pasar después. Álvarez nos ha confesado que ha visto la película cuatro veces y que todavía llora cuando la ve.
*Frugone es el director de la Seminci y en Valladolid hay un importante debate sobre los méritos y deméritos de su gestión.
Ayer acabamos la jornada nocturna con 'El último tren', que es otra película alemana sobre el holocausto judío, aunque esta vez centrada en el claustrofóbico viaje en tren que hacían cientos de prisioneros nazis antes de llegar a Auswitchz. El tema, el ambiente, es repetitivo e insiste en la relación entre víctimas y verdugos, haciendo hincapié en los límites de la degradación humana. Con todo, el hecho de que prácticamente toda la historia se desarrolle en un vagón de tren es muy interesante, por la exigencia que implica para el guión, realmente bueno. La película está muy bien resuelta y si tiene suerte se estrenará en salas españolas.
La que ya tiene fecha de estreno es 'Lejos de ella', de Sarah Polley. La hemos visto esta mañana y es una maravilla. Con el alzheimer como telón de fondo, la canadiense, musa de Isabel Coixet, aprovecha para reflexionar sobre el verdadero sentido de conceptos que creemos sólidos, como la fidelidad, a través de la hermosa relación que mantiene una pareja. Un matrimonio que, tras 44 años, se descompone por la irrupción de la enfermedad. Julie Christie interpreta a la esposa enferma, que percibe las consecuencias de sus crecientes olvidos, y que cuenta con un marido cuya actitud y comportamiento resultan verdaderamente emocionantes. Un tipo ejemplar.
Todo lo contrario de algunos de los personajes que aparecen en 'Tres de corazones', una película argentina un poco floja e incoherente. Ha recibido unos cuantos pataleos por parte del público, aunque a su favor hay que decir que muchos espectadores están con el tacón armado, en tensión, y a la mínima ocasión hacen temblar el Calderón. De momento, apenas han tenido oportunidad. Que siga así.
En Valladolid hace un frío mañanero muy agradable. Es aire limpio y se
respira bien. Apetece el invierno, caramba. Así, con fresquito, hemos
entrado en el Teatro Calderón, y nos hemos quedado helados al ver 'Los
falsificadores'. Una contundente cinta alemana ambientada en un campo
de concentración. Sus protagonistas, presos judíos, forman un grupo que
se dedica a falsificar libras y dólares para los nazis a cambio de unas
condiciones mínimas de supervivencia.
La cinta está bien. Muy
bien. Reflexiona de nuevo sobre valores como la dignidad o la ética
ante situaciones límite en las que la vida y la muerte penden de un
hilo caprichoso. Como apuntaba una compañera, nos quejamos mucho
de la proliferación de cintas sobre la Guerra Civil, pero anda que no
las hay sobre los campos de concentración. En ese sentido, ésta no
tiene nada que no recojan otros filmes -pensamos, sobre todo, en 'La zona
gris', de Tim Blake Nelson-, pero merece la pena.
Además, no
hay frío que se resista a un buen Rueda o un mejor Ribera de Duero. A
las diez de la noche podríamos darle vueltas a este asunto, mientras
cenamos, pero ya que hemos venido hasta aquí iremos a ver 'El último
tren'. Qué remedio. Será, esperamos, un buen colofón a una tarde
cargada de ocupaciones: entrevistas, redacciones, envíos, etc... Ya
vale. Mañana madrugamos para ver la película de Sarah Polley, que se estrenará a finales de año. Eso sí
que lo llevamos mal. La Seminci no da tregua, pero mañana les cuento...
La trastienda del cine español, el Hollywood cafre, las estrellas estrelladas y la cinefilia más enfermiza comparten pantalla con una mirada implacable al diario tormento televisivo.